el cuerpo lesbiano gordo

EL CUERPO LESBIANO GORDO

 

“Cuando soy consciente de mi gordura no puede usarse en mi contra”.

Nomy Lamm.

“El cuerpo lesbiano La ciprina  La baba La saliva El moco El sudor. Las lágrimas El cerumen La orina Las nalgas Los excrementos La sangre La linfa La gelatina El agua El quilo El quimo Los humores Las secreciones La pus Las sanies Las supuraciones La bilis Los jugos Los ácidos Los fluidos Los zumos Las emanaciones La espuma El azufre La urea La leche La albúmina El oxígeno Las flatulencias Las bolsas Las paredes Las membranas El peritoneo el epiplón, La pleura La vagina Las venas Las arterias Los vasos Los nervios Los plexos Las glándulas Los ganglios Los lóbulos Las mucosas Los tejidos Las callosidades Los huesos El cartílago La oseína Las caries (…) ”

Monique Wittig.

“En el mercado sexual mainstream, los cuerpos “gordos” no son mercancías vendibles. El cuerpo “gordo” se erige como un símbolo de obsesiones glotonas, deseos desatados y egos derrotados. En medio de una época histórica marcada por la preocupación con las formas del cuerpo ideal, y la erotización de la estética de la delgadez, el cuerpo “gordo” aparece como una obstrucción desafiante en una cultura seducida por unas nociones particulares de belleza y de atractivo. El cuerpo tiene que convertirse para el mundo en la representación visible de nuestra adhesión a las cruzadas de vida puritana, dietas “correctas” y “sanas”, regimenes de ejercicios y más importante que nada, un reflejo del yo interior. El cuerpo se ha convertido en una representación del “yo realizado””.

Samantha Murray.

“el cuerpo lesbiano no tiene sus límites en la envoltura carnal delimitada por la piel”. valeria flores.

¿Desde dónde se evoca la necesidad de construir un cuerpo lesbiano gordo? ¿Cómo hacer un cuerpo lesbiano? ¿Cómo hacer un cuerpo gordo? ¿Cómo hemos sido configuradas? ¿Cuál es la ficción heterosexual en nuestros cuerpos? ¿Cómo la desaprendemos?

 

El ejercicio de nombrarse como lesbiana, tortillera, fleta, se vuelve ya un acto de visibilización política vital y, en nuestro caso, como gordas se vuelve también una praxis de reconocimiento y politización naciente, ardiente, escandalosa, visible, sobretodo en América latina. Me interesa, en primera instancia, tratar una unión de lo lésbico y lo gordo desde el acto de visibilización, enunciación, de aparecer y estar como sujetas políticas conscientes y no víctimas de un sistema misógino, lesbofóbico, racista, clasista, especista y gordofóbico. En segundo lugar, voy a recalcar como la formación de un cuerpo heterosexual hegemónico imperante se ha hecho carne en nuestras cuerpas y de que forma, somos capaces de desaprender, de devenir en algo distinto: en un cuerpo lesbiano gordo.

 

valeria flores, describe la vista como un aparato de producción corporal, plantea que existen ciertos modos de mirar que fabrican cuerpos. Cuerpos heterosexuales, cuerpos agradables, cuerpos delgados. Veo un cuerpo lesbiano, que debe hacerse visible mediante una acción que lo evidencie, cuerpos que existen pero que permanecen ocultos por la heterosexualidad. Por ejemplo, percibo la estrategia de la masculinización de algunas camionas/chongas/butch como un ejercicio a este propósito, “para las chongas que queremos que se nos note, lo torta, lo marimacha (…)”. No quiero decir que todas las camionas son así porque quieren parecer lesbianas, hay muchas que simplemente es la estética que les acomoda, sin otra razón, hay otras medias trans*, otras que ni siquiera son tortas pero se calzan el buzo deportivo como uso cotidiano.

 

¿Cómo hace un cuerpo que es de por sí visible? La gordura es imposible de ocultar. Si soy torta y quiero pasar desapercibida puedo heterosexualizarme y vivir de cierta forma en el mundo que no sea molesta, puedo ahora incluso casarme y ser una chica de bien siendo lesbiana, siempre y cuando atienda a la heteronorma. Pero, ¿si soy gorda y quiero ocultarme? No es posible, somos un cuerpo expuesto siempre a la vista del otrx, se me nota la grasa por muchas fajas que me ponga, no hay posibilidad de desaparecer, así como lo es también para las negras, para las que andan en silla de ruedas o para las que no tienen plata para prótesis, las travestis y trans* pobres, nuestro cuerpo herido nos deja en evidencia y también en vulnerabilidad. Parafraseando a laura, del gorda zine, existe una paradoja, nuestro exceso de visibilidad nos invisibiliza a la vez. Ejemplifico: me veo en todas partes, pero cuando quiero hablar sobre ciertas decisiones sobre mi cuerpo, no se escucha lo que digo, se ve mi gordura antes que mi opinión, porque se asume que no estoy sana, que tengo problemas.  Así mismo, vuelve el ejercicio donde nos unimos con las tortas, ahora tenemos que visibilizar la gordura de otra forma que no sea la de víctima o de patologización y ese es un modo de acción política, de hacernos presentes y de hablar por nosotras mismas.

 

Entramos en este doble (y también múltiple, porque existen las diferencias de clase, raza, etc.) entramado, en donde las tres enunciaciones cuerpo lesbiano gordo toman vida propia, tanto por separado como en comunión. Cuerpo, hablando desde el feminismo como ética de vida, “lo personal es político”, escribiéndonos y viviéndonos desde la carne, nuestra sangre, nuestra historia, las cicatrices que abundan en la piel, la experiencia personal y colectiva retratada, los deslindes, los encuentros con otros cuerpos, los desbordes, los amores, el cotidiano. Como un sentir corpóreo, turbulento, visceral, que no puede no estar ligado al sentir, la pasión, el goce. Lesbiano, al construirnos desde el placer y no desde la lesbofobia, como me decía una amante. Comprendí las distintas formas de construir un cuerpo lésbico, la heterosexualidad lo construye solamente desde la falta, la carencia, como si algo necesitara completarse y las que políticamente nos apoyan (me refiero a las que se nombran como lesbianas políticas) no conocen el deseo al cuerpo lesbiano como construcción de un nuevo placer contra-normativo, definirse lesbiana desde la lesbofobia, desde el odio, desde solamente la violencia recibida por un cuerpo es restarle importancia a nuestra alegría y motor de energía lésbico. El placer de ser torta y disfrutar con otras tortas, su cuerpo, sus fluidos, sus letras, sus palabras, sus gestos, sus formas, sus intereses. El placer de ser con otras lesbianas, de dejar el cuerpo. Lesbianas al dejar de mirarnos entre nosotras con ojos patriarcales, como un varón, por tratar de crear desde una ética feminista relaciones no heterosexuales, posesivas, egoístas, propietarias. Lesbiana como no mujer heterosexual, “las lesbianas no somos mujeres”, nuestras experiencias corpóreas, subjetivas son diferentes, escapan a la norma, fugan, se incrustan entre la basura hetero. Lesbianas desobedeciendo a lo que se esperaba de nosotras: mujeres, heterosexuales, madres, blancas, profesionales, delgadas, jóvenes. Lesbianas explotando de placer con otras, convertirnos en amantes, no habitar el desierto ni estar perdidas. Habitar el cuerpo y el deseo como lesbianas. Gordo, excediendo a la norma del trazado corpóreo heterosexual medio, deseable, asequible, privilegiado. Desdibujando las líneas de la heterosexualidad y su belleza manifestada en 90-60-90 centímetros de deseo varonil. Desprogramación del deseo ajeno y personal, sabotaje sexual, hackeo del cuerpo, prácticas no-reproductivas, deseos saboteados, un cuerpo poético, sin sentido. Gorda, como un cuerpo rebelándose frente a un montón de imposibilidades impuestas (no poder ser bellas, no poder ser saludable, no poder ser atlética, etc.) molestando, irrumpiendo, alterando. Cuerpo lesbiano gordo, desdibujando los límites del régimen heterosexual, calando un hueco en el imaginario, fugando y creando nuevas formas de poder habitarnos, compartirnos. Transmutar los cuerpos, mezclarlos, cuerpos agredidos, con cicatrices, alegres, mi cuerpo es mio y a veces también es tuyo, de otras, desdibujarnos con otras pieles lésbicas, otros cuerpos lesbianos haciendo fusiones temporales, un virus, contagio. Ni delgadas ni gordas, ni mujeres ni trans*, cuerpos lesbianos en el deleite de (no) ser, de los fluidos corporales, brebajes lesbo-afrodisíacos que emanan de nuestras pieles, de la energía, la vitalidad. Dejar de ser  yo, perderse en el cuerpo, desorganizar el cuerpo sin fraccionarlo a lugares de privilegio.

 

El cuerpo gordo es un cuerpo segmentado, fragmentado, partido. Como plantea beatriz preciado en el manifiesto contrasexual, el cuerpo humano es heterosexualizado                   –heteropartición-, creando ciertas partes como las sexuales/reproductivas y las que no lo son (si estas se vuelven sexuales, el discurso científico psiquiátrico y su industria, la clasifica como una parafilia, en enfermedad o fenómeno anormal). Hombre, pene, mujer, tetas, vagina y culo; siempre uno en jerarquía por sobre el otrx. El pene como máximo órgano dentro del acto sexual, la penetración como fin único, como trazador de un “real” acto sexual frente a uno “falso”, como la heterosexualidad llama a cualquier tipo de experiencia sexual con el cuerpo no penetrativa. Así también, podemos realizar un paralelo con el cuerpo gordo, que se segmenta en partes separadas: papada, abdomen abultado, entrepiernas, muslos, celulitis, grasa y el cuerpo como un todo holístico es omitido, ocultado. Ciertas partes estratégicas para la heterosexualidad se exacerban para mantener el control sobre nosotras, avergonzarnos, temerle a la cultura de la violación, quedarse en casa, usar fajas, taparse, tener miedo.

 

Me pregunto, ¿cómo hacer de un cuerpo lésbico un aparato contrasexual? ¿Cómo hace un cuerpo gordo lesbiano al romper con la heterosexualidad obligatoria?

En primer lugar, este cuerpo quiebra la heterosexualidad al romper los límites occidentales de belleza y la talla 38, las medidas perfectas, la cintura delgada y el abdomen plano; más que romperlos, los desborda… Volviendo a llamar al deseo a aquellas partes ocultas, omitidas, ridiculizadas: un bulto, un rollo, un peso, un cuerpo con vida, ardor, deseo. Llamar a la piel como el centro erógeno universal y a su vez sobrepasarla, porque el cuerpo lesbiano no sólo se limita por la carne, sino que es una red altercada de afectos, redes, subjetividades, que sobrepasan lo corporal sin dejarlo, okupando el cuerpo de las otras, rompiendo la individualidad del yo, de mi propia pertenencia, perderse en las sensaciones, desjerarquizar el cuerpo, lo genital, lo deseable, lo bonito. Cuerpo gordo lesbiano, en donde el pene no tiene importancia, no existe, nadie lo quiere ni necesita, la reproducción es nula. No reproducimos heterosexualidad, ni tampoco hijxs para el kapital. También se puede leer al cuerpo gordo como un cuerpo contrasexual, al escapar de la belleza normativa heterosexual, al ser un aparente fetiche, oculto, ridiculizado y avergonzado, por romper con las limitaciones corporales impuestas del “tu no puedes por ser gorda”, tu no puedes ser ágil, tu no puedes ser una chica que le guste el sexo hard porque no te da el cuerpo, tampoco puedes ser vainilla porque tu cuerpo es tan tosco, grande y bruto, que la sutileza no te acompaña, atravesar los límites, romper estándares. Sensualizar las partes de mi cuerpo que más me atemorizaban.

Volver a traernos al deseo, a aquel espacio que nos fue robado, expropiado, al mantener nuestros cuerpos en las escalas bajas de la jerarquía del deseo heterosexual. Una historia de violencia y vergüenza, porque un cuerpo gordo es visto como asqueroso, odiado socialmente en la cultura occidental, feo, enfermo, trágico. Nos calamos entre los percolados de la basura heterosexual, nadando entre el fango, revolcándonos, para salir airosas, no quiero más tu heterosexualidad, no quiero que me vuelvan a mirar desde ese lugar, no quiero más. Gorda lesbiana cuerpo, porque la única realidad existente posible en este mundo es la heterosexual y ya no queremos más habitarla.

 

contornear un cuerpo lesbiano

crear/chupar/tocar/deleitar/diagramar

cuerpos/sentidos/afectos/movimientos

vaivenes sonoros

retumban en mi cerebro

como electricidad

del no saber querer saberlo

cuerpos lesbianos

(de) construyéndose desde el placer

quiebras costumbres, estallas jerarquías

el goce de charlar/caminar/reír/jugar/conocer

mirar/tocar/penetrar/mojar/sentir

abrazar/pensar/escuchar

dibujar el cuerpo lesbiano

cartografiando el deseo, la metamorfosis

construyéndome

tocando/armando/amasando

afinando contornos

creando/boicoteando/desdibujando límites

cuerpos lesbianos en el deleite del (no) ser

miss



One Comment

  1. Lobo wrote:

    ¿Por qué lo gordo vendría necesariamente a ser rebase de lo heterosexual-occidental? Veo en la sociedad capitalista por excelencia, Estados Unidos, que la obesidad y la comida que no es comida, reinan. Puede alguien por el simple hecho de ser gorda establecer un rebalse de esos parámetros? En la polinesia existen, o existieron, culturas donde las mujeres gordas eran las más preciadas, por el aparato de reproducción. Entonces me pregunto si no habrá una justificación de lo gordo como rebase de lo heterosexual. Hay hombres que tienen como fetiches a gordas, también son parte del mercado de deseos. En resumidas cuentas, no creo que el ser de determinada forma corporal haga nos haga necesariamente, casi genéticamente, romper ciertos cánones. Porque eso también sería bastante egoico y personalista, cuando justamente aquí hablas de un yo que se funde en los límites del placer. Un cuerpo puede ser fibroso no necesariamente en base a rutinas de vida sana o “fitness”, también lo puede ser en el descubrimiento constante de ciertos movimientos o disciplinas que en muchos casos tienen el “pulir el cuerpo” como consecuencia. Al final igual los cuerpos van a desaparecer, y formar parte de la masa orgánica y sideral que pululamos, por lo que, no es darle una importancia excesiva al tipo de corporalidad? Eso, me gusta el estilo poético que adquiere en ocasiones tu escritura, saludos!

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